Se intuía por la plantilla y la pretemporada, pero el primer partido en casa superó las expectativas. El fichaje de Osasuna se llama pegada, y a partir de ahí pónganle el apellido que quieran: Nino, Lamah, Cejudo, Kike Sola... Un grupo de cazadores que huelen la portería como si fuera la sangre. Y eso es todo un descubrimiento para una afición acostumbrada a lo contrario en estos últimos años: a más juego que goles, más toques que remates, más presencia que puntos.
Este Osasuna huele a pólvora... y eso hace que ahora sobre el humo del tiqui-taca. Mendilibar ha actuado en coherencia con sus mimbres. Si el año pasado se vio obligado, y más aún por la clasificación, a buscar las victorias con todo y estirar su equipo como un acordeón, en esta temporada sobran las estridencias. Marc Bertrán no será Nelson ni Raitala tendrá que galopar hasta el córner...

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